domingo, 8 de abril de 2012

Lo que pasa en la habitación...

Danny estaba en la habitación de Luna, apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados. Luna, sin salir de su asombro, lo observaba con detenimiento. Las converse rojas (empezaba a pensar que en este pueblo tenían una obsesión extraña con las converse), los vaqueros gastados y la camiseta de los Rolling's, rematada con una pulsera de cuero en la muñeca izquierda y un par de colgantes en el cuello que desde aquella distancia la chica no podía identificar. Tardó un instante en darse cuenta de que los azules ojos del chico la miraban, como si la estuviese desvistiendo imaginariamente. Se sonrojó al darse cuenta de que ella solo llevaba una camiseta ancha que le cubría hasta los muslos y la ropa interior. Definitivamente aquella ropa no dejaba mucho que imaginar a Danny. Él sonrió y empezó a acercarse a ella, Luna quedó petrificada de pie a los pies de la cama. Lo que sí hizo fue cerrar los ojos y esbozar una sonrisa cuando él llegó a su altura y le acarició la cara con la yema de los dedos. Sintió los mismos dedos recorriendo su cara suavemente hasta la barbilla y la obligaban a subir la mirada y encontrase de frente con aquellos ojos en los que siempre se perdía y de los que deseaba no encontrar la salida jamás... Después llegó el beso.
Obviamente, Luna no pudo hacer nada más que devolverselo con todas sus ganas. Y lo que empezó siendo apenas sus labios rozandose subió de tono hasta que empezó a sobrarles ropa, y mira que Luna casi no llevaba... Antes de que pudiese darse cuenta, Danny la había levantado del suelo y  la había tumbado en la cama. Siguieron besándose mientras ella despojaba al chico de su camiseta. La boca de Luna intentaba sin éxito contener pequeños gemidos mientras él le besaba el cuello. El chico solo paró para susurrarle al oído:
-Luna, no aguanto más...- dicho el chico con la voz entrecortada- ¿quieres que siga?
Como única respuesta, la chica empezó a forcejear con el botón de sus vaqueros y notó como Danny sonreía sobre su cuello.
Poco a poco la imagen fue tornándose borrosa hasta que desapareció.
Luna se incorporó en su cama. Antes de irse a dormir se había dejado la ventana abierta y ahora los primeros rayos de la mañana. Suspiró y se levantó de la cama, resignada. Luego se encaminó hacia el baño mientras maldecía en voz baja. Ahora necesitaba una buena ducha fría...