miércoles, 21 de diciembre de 2011

Secretos de vuelta a casa

Lu y Luna, volvían de casa de Estef. Habían tenido que llevarla pronto de vuelta, pero ellas habían decidido irse a cenar. Así que se fueron a la plaza y sentaron en la terraza de la pizzería.
-Buena, Luna... así que, el chico de la tienda, ¿es Danny? -Lu fue directa al grano. Había visto como esos dos se miraban cuando el chico abrió la puerta para dejar pasar a su prima.
Luna, obviamente, se atragantó con el refresco que acababan de llevarle, y Lu empezó a reír.
-¿Eres siempre tan directa?- preguntó Luna, confusa.
-Solo contigo. No, ahora en serio, es él, ¿verdad?- la chica se reía. Eso era lo que a Luna le gustaba más de su amiga, que siempre se reía.
-Bueno...esto... no estoy muy segura...
-Mooni -Lu seguía llamando así- , corta el rollo cielo, que nos conocemos. No hay duda. Aunque sinceramente, le he oído tocar y no es de los que rompen cuerdas tan a menudo como para ir todas las semanas... -Lu se quedó pensativa, y luego sonó su móvil. Era un mensaje. De Eric. No sabía si debía abrirlo delante de su amiga...
-Si es por mi, no te cortes. Contestale al amor de tu vida. - cuando lo dijo, Luna estaba muy seria.
Lu soltó una de sus inconfundibles carcajadas, leyó el mensaje y lo contestó. Luego miró a Luna, y con su más pícara sonrisa y sin vergüenza ninguna le replicó.
-Por lo menos, yo hablo cuando él está delante.
-Golpe bajo- contestó su amiga.
-Oye Mooni, eres tú la que ha empezado. Además yo he dicho que el mensaje fuese del amor de mi vida...
-No hace falta que lo digas. Tu cara lo ha dejado bien claro.- la cortó Luna.- Y todavía no me has dicho quien es...
-No sé si lo conoces...
-¿En serio? ¿Crees que en este pueblo en el que no paro de encontrarme a gente conocida o desconocidos con alguna conexión con gente a la que estoy harta de ver a diario, queda mucha gente a la que no conozco?
Lu se rindió y le sonrío a su amiga. Finalmente dijo.
-De acuerdo, tú ganas. Se llama Eric. Y va un curso por encima de nosotras.
Su amiga escupió la coca-cola y abrió mucho los ojos. Lu, no paraba de reírse.
-¿Me estás diciendo que semejante monumento de tío sabe que existes?
-Supongamos que si, ¿por qué te extrañas tanto?